Última entrevista en Radio Ibi correspondiente al 10 de ABRIL del año 2015

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jueves, 22 de enero de 2015

El lunes hubo pleno...


El pasado lunes 19 de enero, sobre las 21:20 horas finalizaba el pleno ordinario del mes de enero, que había comenzado a las 19:00. Teniendo en cuenta que en el mes de diciembre celebramos tres plenos, incluido el de presupuestos, para este mes no había demasiados asuntos de enjundia en el orden del día. Así las cosas, lo más significativo tuvo lugar en el turno de control a los órganos de gobierno, más conocido como ruegos y preguntas.

Desde nuestro grupo municipal, mi compañera y candidata ya, Ana Tello, preguntó por los problemas que están teniendo en el arenero del Colegio Cervantes y que le habían trasladado en el consejo escolar correspondiente. Como antigua alumna siempre muestra un especial interés por este y todos los temas que le transmiten. Al parecer, desde el departamento correspondiente del ayuntamiento ya se han puesto en contacto con el colegio para darle solución, todo hay que decirlo.

Por mi parte, hice referencia a varias cuestiones de las que destaco 2. Con el mejor tono posible, y con ánimo de crítica constructiva, traté de trasladar a la concejal responsable del área de tenencia de animales, Isabel Roelas, la escasa o nula eficacia, en mi humilde opinión, de la "penúltima" campaña contra las cacas de perro (digámoslo llanamente), con nuevo despliegue de pancartas y banderolas por toda la localidad. La concejala no se lo tomó demasiado bien, me indicó que era mi opinión y que esto es una primera acción que luego conllevará otro tipo de acciones. O lo que es lo mismo, yo pregunté por peras y ella me contestó con manzanas. Bueno, pues se lo digo más claro. Esas campañas no sirven para absolutamente nada. En Ibi, en diez años, hemos visto al menos cinco campañas anticacas de perro, todas calcadas. Al final, además de poca o escasísima imaginación, lo que hacemos es gastar un buen dinero de manera absolutamente inútil. Por cierto, también pregunté por el coste de la campaña y nada me dijo. Esperaré dentro del plazo de cinco días para que me conteste por escrito

Vamos a ver. De verdad nos creemos que un ciudadano incívico (los animales no tienen ninguna culpa) que saca su perro a pasear y observa tranquilamente como evacúa sus heces, en ocasiones abundantes, blanditas y calentitas, y luego sigue paseando tranquilamente, ¿se va a parar a leer una pancarta que le insta a no hacerlo, y tras leerla va a hacer examen de conciencia? Con el debido respeto, los/las incívicos/as e insolidarios/as, se ciscan en la pancarta. Afortunadamente son una minoria. ¿Mi pregunta es, a cuánta gente se ha denunciado en los últimos años por este tema? Porque esto es como lo del carné por puntos. En España hemos pasado de 5.000 muertos al año a 1.000 aproximadamente cuando la mano dura, los controles de todo tipo y la pérdida de puntos y del carné se han puesto en marcha. Así que como le dije, estoy seguro que lo han hecho con la mejor intención, pero las pancartas y el dinero que cuestan, para otras cosas. A parte, las banderolas del desvío ni se pueden leer.

Por otra parte, le comentamos también a la responsable de urbanismo, la última ocurrencia que hemos visto en la que ya podemos llamar "plaza de los maletines", por los muñequitos (muy originales, eso sí, réplica de un antiguo juguete de Payá, si mal no recuerdo) que merodean en las inmediaciones de la Tourist info. Mal está que se haya retrasado cuatro años (casi nada), mal está que hayamos tenido la plaza más céntrica del pueblo empantanada todo ese tiempo en una obra que podía haberse hecho en tres meses, mal está que consellería no haya pagado a nadie (así nos quitamos la responsabilidad), mal está que haya unos elementos de hierro que simulan una vía del tren y que, como no son juegos infantiles, nadie puede subir encima, ni se puede jugar en ellos. Pero que encima hayan pintado cinco plazas de aparcamiento junto a una zona de juegos infantiles es un sinsentido. De la contestación que nos dieron ayer, hablaremos otro día para explicar lo bonito de la burocracia. Porque al final, resulta que todo eso es así, porque venía en el proyecto, y como es consellería quien paga, aunque no pague, no puede tocarse ni un pelo del proyecto porque de lo contrario no recepcionan la obra. Y todo, aunque pueda con total certeza ocasionar problemas de integridad física para niños y aunque al final el alcalde y los concejales sean los que tengan que responder si algo sucede. Y así sucesivamente. ¿Quién dice que no hay que cambiar las cosas y el sistema?

viernes, 7 de noviembre de 2014

Ocio, casco antiguo y negocio (2ª parte)


Vaya por delante, una vez más, que en este limitado espacio no podemos sino atisbar alguna propuesta, pero ahí van. En primer lugar, llevamos desgañitándonos hace más de diez años, sobre la necesidad de abordar un plan integral de rehabilitación del casco antiguo. Y eso no supone levantar la plaza de la Palla para poner baldosas absorbentes de porquería y volverla a levantar cada diez años. Ni poner maceteros nuevos, ni poner papeleras nuevas, que también. El principal problema del casco antiguo especialmente en la zona de Carrer Empedrat, Major y en menor medida Ravalet, es que hay un altísimo porcentaje de casas abandonadas y en estado de ruina.

Si vas a montar un negocio, no lo haces un una zona que presenta ese estado, o por lo menos te lo piensas mucho. Si además esa zona es peatonal tienes una circunstancia que, pudiendo ser una ventaja, se convierte en un inconveniente. Si en la zona no hay aparcamiento suficiente, vamos sumando. Y si a todo lo anterior le unimos que en ocasiones no se limpia como es debido y que cuando se hace una remodelación se hace tarde y mal, apaga y vámonos. Así, todo lo anterior nos debe de servir para aprender.

Ese plan integral debe de pasar por aprobar desde el ayuntamiento y con los mecanismos que la ley permite, una exención o bonificación de licencias de obra para todo aquél que vaya a abordar un proyecto de nueva construcción o rehabilitación de vivienda en esa zona, diferenciando si se trata de particulares para vivienda habitual o de promotores para luego venderlas. Eso se ha hecho en otras localidades con relativo éxito: veamos dónde y cómo y copiemos. Para la instalación de comercios exactamente lo mismo: exención o bonificiación de licencias durante un plazo, con periodos de carencia e incentivos.

Por otra parte, el ayuntamiento debe ser el primero en dar ejemplo, invirtiendo en esa zona y dotándola de servicios que atraigan gente, fomenten el ocio, las actividades educativas y culturales y el movimiento de gente en esa zona. Eso igualmente se ha hecho en la gran mayoría de centros históricos de todas las poblaciones. Un motor incuestionable para la zona sería la adquisición del Cine Roxy para la instalación de un centro multifuncional. El primer paso es adquirirlo, limpiarlo de ratas y suciedad y convocar un concurso de ideas. Con eso se contribuiría en primer lugar a "higienizar la zona", si el ayuntamiento cree en élla, la inversión privada vendrá. Quien tenga dudas en abrir un comercio, tendrá un aliciente. Tenemos el ejemplo del Centro Social polivalente. En una población de tamaño mediano como Ibi, la gente si coge el coche es para irse a la capital o a centros comerciales de fuera de Ibi. Por eso ese espacio debe de propiciar la convivencia de espacios como un punto de lectura (una especie de sucursal de la biblioteca), locales de ensayo (bajos del disclub), salas multifunción para conferencias y exposiciones y, por qué no, hasta una o dos minisalas de cine. Cabrían los patrocinios, el mecenazgo y la instalación de algún comercio interesado.

Habría que reunir a todos los propietarios de viviendas o solares abandonados o en ruinas y fijar un calendario de actuaciones. No todo el mundo tiene las mismas posibilidades, ni conocimientos técnicos, ni la misma situación. Para eso está el ayuntamiento, sus servicios técnicos y sus servicios económicos y de asesoramiento. Pero una vez aprobado todo ese paquete de medidas, no podrán tenerse "sine die" casas y locales abandonados y creando suciedad. Habrá que reunirse con asociación de vecinos del casco antiguo y con todos los comercios que aún sobreviven. Habrá que planificar en lo tocante al ocio qué actividades se hacen desde el ayuntamiento a lo largo del año y cuáles son promovidas por los vecinos para intentar optimizar recursos y no solapar actos.

En cuanto al ocio el tema es bastante claro. Si hay una normativa que afecta fundamentalmente a insonorización, dobles puertas, condiciones del local y otros, habrá que cumplirla. Y por parte del ayuntamiento, se deberá de reforzar la vigilancia en los días punta para que en los exteriores de los locales no haya molestias en horas de descanso de los vecinos y que se limpie puntualmente por parte de los servicios municipales de limpieza. Debe estar muy claro hasta donde llega la responsabilidad del comercio y hasta dónde no. Por ser una zona viva, donde la gente sale a pasear, también debe de haber un contacto permanente entre representantes vecinales, comerciantes y los responsables del ayuntamiento. No puede ser que las quejas se eternicen o que al vecino o al comerciante de turno se le ningunee sistemáticamente. Si hay unos horarios en que determinadas calles son peatonales, deben de respetarse. Si hay un mobiliario urbano que se deteriora o avería, debe de repararse puntualmente. Si hay pintadas por vandalismo o gamberrismo, tienen que limpiarse en esa misma semana, y no dejarlas meses o años.

Porque todos tenemos nuestro barrio, pero el casco histórico de las localidades, por celebrarse fiestas mayores y menores, festividades religiosas y acontecimientos sociales de todo tipo, es un poco el barrio de todos, y donde además viene gente de fuera y por tanto es el espejo de nuestro pueblo. En el casco antiguo está la Iglesia, el museo del Juguete, discurren las fiestas mayores y decenas de celebraciones a lo largo del año. Pero además viven personas. Si en otras localidades se ha hecho posible la convivencia de todo, aquí no es imposible. Podríamos hablar también de la necesidad de remodelar la Plaça de l'Esglesia o de cómo habilitar espacios para aparcamiento, pero sería una entrada interminable, y todas las inversiones no pueden hacerse de golpe. Hay que hacer un calendario para ir aplicando medidas y revisar el cumplimiento y la dotación presupuestaria. Hay que pedir subvenciones (incluso de fondos europeos) y moverse, moverse mucho. Y como hacen muchas de nuestras empresas que son ejemplo en muchas cosas, aplicar criterios de lógica, optimización de recursos y planificación de inversiones. La política del "a salto de mata" da los resultados que a la vista están. Arremanguémonos todos, que hay tarea, pero si la tarea es ilusionante, cuesta menos. Seguro que hay muchas ideas mejores que las nuestras, vayamos sumando.

jueves, 26 de junio de 2014

Gentuza....

Fotografía: paraje natural "San Pascual"

La fotografía que encabeza la entrada de hoy, me la hizo llegar por whatsapp un colaborador amigo. Está tomada el domingo por la mañana. Más abajo veréis otra toma desde otro ángulo. Son los restos de la juerga, bacanal o fiesta que un grupo de valientes se debieron de pegar en el paraje natural de San Pascual, uno de los rincones más bonitos de nuestro término municipal y, en estas fechas, también de los más visitados tanto por gente de la comarca como por otros que nos visitan de otros lugares.

Desconozco si el grupo de indivíduos que dejó semejante reguero de mierda son de Ibi o de otras partes. Cierto es que el pedigrí del incivismo se halla incardinado en la genética de una minoría de gilipuertas en nuestro país y que, especialmente en las comarcas mediterráneas, es más abundante que en otras zonas de España. Un tipo que después de comer, almorzar, merendar o cenar, decide dejar la huella de su mierda de vida, que es equiparable a la de sus valores y su educación y no recoger los restos de su pitanza, no solamente no sabe valorar ni disfrutar un paraje como este, ni la belleza de un bosque, ni el aire limpio. Intenta que a los demás nos parezca la vida igual de mierdosa que a éllos. Semejantes sujetos no se diferencian en nada de miles de delincuentes que pueblan las cárceles españolas.

Son equiparables al mierda que vacía su cenicero en cualquier esquina o al que piensa que ya vendrá otro a limpiarlo, porque "qué coño, para eso pago impuestos". Estas fotografías ya se las he mostrado a la concejal responsable del área antes de hacerlas públicas aquí, que está tan dolida como yo. Porque como veréis, el resto del paraje estaba bastante limpio y porque se pone un especial celo en cuidar determinadas zonas. Porque indudablemente, todo es mejorable, la limpieza, la vigilancia y los medios humanos y materiales. Pero contra tipejos o tipejas, que aquí la imbecilidad no hace distingos, que creen que el campo, o las calles o las instalaciones deportivas pueden ser ensuciadas o maltratadas a su antojo, no cabe otra que sanción, multa al canto y si hace falta, código penal, sin medias tintas.

Esto no es una crítica al gobierno de mi pueblo, esto es una denuncia pública contra la gentuza que teniendo una papelera al lado, que ya es gordo el tema, decide dejar su basura a propósito. Y en esto, en nuestro pueblo hay mucho por andar. Comenzando desde pequeños. Evidentemente, esta gentuza lo que propicia es que al final, los que salimos un día al campo o al monte a disfrutar de la naturaleza, no podremos hacerlo con normalidad. Todo estará vigilado, sujeto a fianza y penalizado, por culpa de la minoría que decide el día que sale dejar su porquería como testimonio. En este país sólo funciona la sanción. Pues nada, habrá que sancionar, pero duramente. Ya me perdonaréis el tono, pero estas cosas son de las que me enervan especialmente.

jueves, 20 de septiembre de 2012

No es más limpio...


Ayer un anónimo comentarista me dejaba el siguiente en la entrada del martes, "Retorno a la Rutina": "Mis felicitaciones a toda esa gente que no se ve, pero que son parte muy importante de la fiesta como son la brigada de limpieza que noche tras noche, han estado limpiando la barbaridad de vasos y basura que habia por nuestras calles y que nadie reconoce, muchas gracias chicos por vuestro trabajo.Si puedes Nico me gustaria saber los kilos de basura vertidos en nuestras calles estas fiestas simplemente como dato".

Vayan por delante dos cuestiones, una que también extiendo mis felicitaciones a todas las personas que trabajan mientras otros estamos de fiesta o después de ella, donde el trabajo se multiplica por diez. Otra, que trataré de averiguar el dato que me pide. No obstante, me viene bien porque hace tiempo que quiero dedicar una entrada, al tremendo lujo que supone dedicar la millonada de dinero que en España pero en Ibi en particular, dedicamos a limpiar las calles. Y no lo digo porque el servicio me parezca ni caro ni barato, lo digo porque es altamente llamativo lo sucios que somos en este pueblo y en nuestra zona mediterránea en general. Nada que ver con el norte de España donde la gente no ensucia ni la mitad de lo que lo hacemos aquí.

¿Somos conscientes de que si ensuciáramos la mitad, el coste de la limpieza también sería la mitad? ¿podemos permitirnos en un país cuya economía está al borde del rescate, ensuciar como ensuciamos, cuando en Alemania, Holanda, Francia, es común pasear por las calles y no ver ni un papel prácticamente, porque sencillamente la gente no ensucia? ¿no nos damos cuenta que si ensuciáramos la mitad, el dinero que dedicamos a limpieza viaria podría destinarse a mejorar la educación, los servicios sociales o simplemente a pagar menos impuestos? Echar la culpa al alcalde, a la policía que no multa, a los de la limpieza "que no hacen nada", o al vecino, no arregla nada. Educación, educación y también sentido común. Es de imbéciles pagar para que limpien lo que podíamos evitar ensuciar, tan sencillo como eso.

Desde pequeño mis padres me han inculcado algo tan sencillo, tan obvio, tan de sentido común y de educación como que no hay que tirar papeles ni nada al suelo. Que no se vacía el cenicero del coche donde primero se nos ocurra. Que cuando uno va conduciendo y se termina el chicle o lo que sea no se tira por la ventanilla. Y eso va calando. Sin embargo estamos hartos de ver a críos que conforme salen de la tienda de chucherías comienzan a dejar su correspondiente reguero de mierda. Y a adultos igual de incívicos y de cafres. Lo más curioso es cuando vas paseando por algunas calles del centro, y ves justo unos metros más allá de papeleras vacías, bolsas de gusanitos, envoltorios de chicles y guarrerías varias. El país ha tenido déficits de gestión, políticos ineptos y todo lo que queramos, pero la conducta de demasiados millones de personas es la de derrochones, nuevos ricos y básicamente maleducados. El colmo son esos que sólo ensucian en algunas calles o en algunas zonas, pero eso sí, donde ellos viven lo tienen todo como una patena. Que se joda el otro y ya vendrá detrás quien limpie, que para eso pago, deberán pensar. Pues eso también se acaba.

miércoles, 3 de agosto de 2011

El "Tontaco" del mes



La conocida revista de humor, el Jueves, tiene una sección fija en su semanario, bastante más expresiva y que yo creo que resume con más fidelidad al sujeto o sujeta en cuestión y que se titula "El gilipollas de la semana" para hablar del comportamiento de determinados elementos que rozan efectivamente la tontuna más supina.

Hace un par de domingos disfrutaba de un rato de lectura frente al mar. Reconozco que mi hora favorita es entre las cuatro y las siete de la tarde. Unos prefieren siesta. Yo soy más de pillarme la hamaca y ponerme justo delante del mar con un libro. Si hace mucho calor, chapuzón, te secas un poco y a seguir leyendo. A ratos te estiras un poco y por el rabillo del ojo vas mirando pasar a la gente, que también entretiene. Básicamente relax mental. Hay pocos sonidos más estimulantes que el murmullo del mar y pocas compañías que te hagan disfrutar tanto como un libro que te enganche.

En esas, un vigilante de la Cruz Roja, llama la atención a un bañista de algo más de treinta años. Un tipo fornido. Aclaremos que ese día había bandera roja. El cenutrio en cuestión no estaba en la orilla, como sí lo hacían algunos niños bajo la atenta vigilancia de sus padres. Ni tampoco había hecho el típico amago donde rompe la primera ola, más o menos unos tres metros adentro. Se había metido más de treinta o cuarenta metros. El vigilante educadamente le recuerda que ESTÁ EXPRESAMENTE PROHIBIDO EL BAÑO CON BANDERA ROJA, y que además es una infracción que lleva aparejada sanción. No escuché la contestación del elemento subversivo, pero muy a regañadientes salió del agua. Poco rato después, el mismo vigilante de Cruz Roja, vuelve a pasar y ahora una vez más el tontaco del mes, vuelve a estar dentro del agua, esta vez retozando con una amiga que no llegaría a los treinta, pero a la que se le supone también como adulta, igual que al elemento en cuestión, capacidad de comprensión elemental.

En esta segunda ocasión, el chulito-piscinas se pone gallito con el de la Cruz Roja y vuelve a pasar de él directamente; la chica sí sale poco a poco. Diez minutos después, el vigilante le echa un par y viene acompañado de dos miembros uniformados de la policía municipal. Le lee la cartilla al macarra-playero y le recalca que la primera vez se lo había advertido. Que hay niños que hacen más caso que él y que bastante tiene con vigilar a los menores de edad. La policía se lo lleva para notificarle la multa, identificarlo y las treinta personas que estábamos presenciando la escena nos quedamos con la cara del tontaina.
En fin, lo dicho, gipollas es a veces una palabra que describe perfectamente conductas y personajes.
Os dejo este legendario video de cruz y raya, en homenaje a la paciencia de muchos socorristas que tienen que hacer advertencias ingratas a gente poco comprensiva con el trabajo de los demás y con su propia seguridad

jueves, 21 de octubre de 2010

malos humos...



Cola de un cine. Proyectan, entre otras muchas, la última entrega de Toy Story, dicho sea de paso, gran película de animación que recomiendo tanto si se tienen niños como si no. En la cola, abundan preferentemente padres con niños pequeños. En mi caso, mis dos hijos y mi mujer vienen conmigo. Justo delante un indivíduo sostiene un cigarrillo aproximadamente a la altura de la cara de mi hijo menor (no llega a los cinco años). El niño musita, tapándose la cara y apartándose "qué ajjco papi". Si, verdaderamente, las actitudes de alguna gente dan asco. El niño, sin pretenderlo, ha dado en el clavo.

No soy fumador. Jamás he fumado, ni un cigarrilo, ni un puro, ni un porro ni una pipa de agua, ni nada. Me molesta el humo, como al 99% de los no fumadores. En mi casa mis padres nunca han fumado. Pero como todo el mundo, tengo familia y amigos a los que quiero y aprecio que sí lo hacen. Y sé cuán jodida y puñetera puede llegar a ser la adicción a la nicotina (y los añadidos a los cigarrillos que potencian la adicción) y cuánto les cuesta dejárselo a los que lo intentan. De hecho, pocos fumadores hay que no te reconozcan que quieren dejarlo. Que es un vicio tonto, caro y nefasto para la salud. Cuando era pequeño y los domingos iba a comer paella a casa de mis abuelos maternos, mi abuelo Paco encendía un ducados después de comer y me hacía pasar el peor rato del domingo. Con lo buena persona que era. Pero hasta mi abuelo, que lo único que hizo en su vida fue trabajar como un bestia y tenía derecho a echarse su cigarrito después de comer, se iba a la punta del comedor y a última hora se salía al patio. Y eso que estaba en su casa. Todo para no molestar a su nieto.

Volvemos a lo de siempre, educación, o mejor dicho, la ausencia de ella. No es cuestión de vicios, ni de ansiedades, ni de libertad, ni de respeto. Es cuestión de todo lo anterior aplicado con buena, mala o ninguna educación. Si se tiene un mínimo de educación uno adecúa sus vicios y sabe donde puede ejercerlos sin molestar ni ofender. Si se tiene un mínimo de educación uno regula su ansiedad y si está muy ansioso, procura no tomar cosas que la quiten fumándose en la cara de los demás, y menos si son niños. Si uno ama la libertad, sabe ejercerla y disfrutarla y comprende, sobre todo, que termina donde empieza la del otro; en este caso en la cara de un niño (o adulto) que no quiere fumar. Si uno tiene respeto, entiende perfectamente, que en la cola de un cine, de un Mc Donald's, de un circo, de un expendedor de tickets de feria o de una churrería (en todos esos sitios he vivido escenas similares en carne propia o ajena) donde hay niños y donde hay aglomeración de gente, no se fuma. Simple y llanamente.

Lo anterior
, unido a toda una larga serie de abusos consentidos por los no fumadores durante decenas de años, ha llevado a que paguen justos por pecadores y al final, los fumadores maleducados (hay educados también, por supuesto y no fumadores maleducados e insoportables) han conseguido que las leyes entren a regular el espacio donde se puede y no se puede fumar. Hablamos siempre de espacios públicos. En privado, faltaría más, uno puede fumarse quince paquetes, hacerse piercings en los pezones o tatuarse hasta en sus partes pudendas.

Así que como desde el 2 de enero entrará en vigor la ley aprobada ayer en el parlamento y se va a debatir y vamos a escuchar opiniones a favor y en contra de todos los colores, yo dejo aquí dicha la mía. Como dice el gran Harry el Sucio y he repetido varias veces en este blog, lo malo de las opiniones (o lo bueno) es que son como el culo. Todo el mundo tiene una. Pero las encuestas, donde no se ve la cara de la gente, son abrumadoras. Más del 70% de los ciudadanos está a favor de estas medidas. Otra cosa será, que el gobierno cuando obligó a los hosteleros a separar zonas de fumadores y no fumadores hace cuatro años, la cagó hasta el fondo. Entonces se debió de aplicar ya la norma como ahora se pretende, y no después de haber obligado a mucha gente a gastarse pasta en reformas que ahora no sirven para nada. Pero eso es harina de otro costal.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Espectáculos poco recomendables


El pasado domingo tuve la ocasión de asistir en directo al encuentro de fútbol Hércules-Valencia. Me encontré varias decenas de personas de Ibi que han sacado el abono de temporada y otras que acudían a ver este partido en concreto. Una provincia huérfana de fútbol de primera desde hace más de trece años, tenía ganas de poder presenciar de cuando en cuando los partidos de la que dicen, es la mejor liga del mundo.

Al hilo de lo anterior, si pegáis en ESTE ENLACE, en el diario INFORMACION DIGITAL podéis acceder a una curiosa tecnología que permite a cualquier asistente al partido localizarse en el campo. Os puedo asegurar que lo he probado y he localizado mi asiento y me he visto perfectamente. Qué tiempos aquéllos cuando en Blade Runner buscaban a los "replicantes" con una tecnología parecida. Hoy en día, esto se parece cada vez a aquélla genial y visionaria película "El show de Truman", donde cientos de cámaras vigilaban desde su infancia al incauto Harry Truman, que no tenía manera de salir de su ciudad ya que formaba parte del espectáculo.

Volviendo al partido de fútbol, he de decir que estuvo entretenido y que el Hércules mereció como mínimo el empate. Si sigue jugando así y le acompaña algo más la suerte, creo que la permanencia por lo menos está asegurada. Más allá de la anécdota deportiva he de decir que me llamó la atención la entrada al campo de los seguidores más radicales del Valencia, que se ubicaron en una especie de jaula prevista para alojar a los visitantes rivales. Los aficionados valencianistas que llegaron en número de 1500 aproximadamente, se ubicaron en ese rincón del campo aproximadamente media hora antes del inicio. De todos ellos, destacó la entrada de un centenar largo de descamisados con tatuajes que, al parecer, eran los más radicales de entre los radicales. Su entrada ya fue acompañada de escupitajos a las gradas vecinas, los consabidos gestos obscenos, insultos y diatribas insultantes. La policía nacional intervino rápidamente y expulsó a un par de ellos que no duraron ni un minuto en el campo. Hay que ser gilipollas para venir desde Valencia y, en vez de disfrutar de un buen rato animando a tu equipo, venir a insultar a la afición contraria y provocar que te expulsen a las primeras de cambio.

Lo digo, porque si a esta panda de energúmenos (que pueblan las aficiones de todos los equipos), no se les rieran las gracias ni un pelo, y se les tratara como lo que son, uno podría acudir al campo sin tener que explicar a sus hijos que hay gente que acude al fútbol a descargar su odio, su racismo, sus frustraciones o su mala educación (o todo ello junto). El centenar de elementos se dedicó todo el partido a proferir insultos racistas cuando se acercaba Drenthe a la grada, a gritar Puta Alicante, Puta Hércules, y, lo más grave, a hacer de cuando en cuando el saludo a la romana (o fascista), que seguramente como no habrán leído no sabrán ni de qué va. De cuando en cuando, animaban al Valencia y se les escuchaba más que nadie, lo cual es plenamente legítimo. Los piques entre aficiones han existido y existirán siempre, pero, sinceramente, no me imagino en la NBA a nadie acudiendo a un partido de los Lakers contra Boston sin camisa, provocando al contrario, insultando y escupiendo. Al final del partido, los jugadores del Valencia (que ganó el encuentro), se acercaron a regalar sus camisetas a tan entusiasta y cívica afición. Porque claro, no sea que estos angelitos les rayen el deportivo a la salida del entrenamiento a más de uno. Guus Hiddink, en su época de entrenador del Valencia exigió la retirada de una hesvástica de su campo. Algunos presidentes siguen sin aprender.

jueves, 19 de agosto de 2010

(malos) Hábitos veraniegos


Hasta para un no fumador como yo, puede resultar comprensible que para los que sí lo son, echarse un cigarro estando tranquilamente relajado en la playa, mirando el mar y disfrutando de un tiempo de relax, puede ser un acto tolerable y del que nos podemos hacer cargo. La nicotina es una de las sustancias más adictivas que existen y los que están enganchados tienen derecho a acceder a sus dosis, especialmente si se encuentran al aire libre.

Hubo no hace mucho tiempo alguna propuesta para limitar espacios para fumadores en las playas, lo cual, si la categoría más maleducada de los adictos al humo se sigue empeñando, lo acabarán consiguiendo por descabellado que nos parezca. Al fin y al cabo, las prohibiciones y limitaciones surgen en la mayoría de los casos o bien cuando se abusa de la falta de educación y de no respetar el espacio del otro, o bien por cuestiones de orden público. Mientras no se demuestre lo contrario, el humo del cigarrillo molesta (y mucho) a los que no fuman. No digamos ya, los restos de sus colillas previamente chupadas y convenientemente exprimidas. Digo esto, porque son los propios fumadores quienes deben de empeñarse en que, si quieren seguir fumando en espacios públicos, dicho vicio se practique al menos con las mínimas normas de civismo, higiene y educación. En suma, ejerciendo eso cada vez menos habitual en fumadores y no fumadores, el respeto.

Estoy harto de llegar a la playa, espacio público que de momento sigue siendo de todos, plantar la hamaca, la sombrilla y los cubitos de playa con sus correspondientes palas y rastrillos, y tener que andar vigilando continuamente que los niños no se metan en la boca las toneladas de colillas que el incívico fumador maleducado ha enterrado cuidadosamente en la arena, porque al señor (o señora) no le ha apetecido llevarse un cuenquito de plástico, una cajita, o lo que sea donde depositar sus asquerosas colillas o directamente tirarlas a la papelera. Es cojonudo ver con qué cara tan dura luego pretenden algunos defender su derecho a fumar donde les salga de las narices. ¡Y un carajo! Mientras no se demuestre lo contrario, quienes plagan las arenas de las playas españolas de colillas, son fumadores. Maleducados, eso sí, pero fumadores. Traslademos esto, para que los fumadores no piensen que es manía persecutoria, a los retrasados mentales ( aquí ya rozan la delincuencia), que hacen su botellón en la playa y amablemente rompen alguna botella en pleno estertor etílico. Al día siguiente, muchos niños y mayores clavarán algún vidrio en sus talones y se acordarán del padre y de la madre del botellonerus-incívicus.

Da igual colillas, que restos de botellón, o mierda en general, falta mucha, pero que mucha educación, civismo y respeto.

lunes, 22 de febrero de 2010

Mucho que mejorar


La fotografía que ilustra esta entrada, no es de Ibi. Tampoco pretendo hacer hoy crítica del equipo de gobierno, ni hablar de cómo gestionan la limpieza. Habrá tiempo de hablar en los próximos días de las contratas de limpieza viaria y de recogida de residuos sólidos urbanos, que al parecer en breve saldrán a concurso en nuestra localidad.

El pasado sábado por la mañana me dispuse a inaugurar de forma particular el nuevo juego infantil colocado en la Glorieta Pío XII, en el barrio de la Dulzura, del mejor modo que creo puede hacerse, jugando con mis hijos, que disfrutaron de lo lindo. El juego está recién estrenado, limpio, sin suciedad, sin grafittis, sin roturas, sin desperfectos. En las pocas horas de sol de que pudimos disfrutar el sábado por la mañana, jugaron y luego hicieron el recorrido biosaludable al completo.

En ese mismo parque, y bajo la sombra de esos mismos árboles, pasé los mejores días de mi infancia. A la salida del colegio salesiano, muchos días me quedaba a comer en casa de mi abuela Lola, que vive justo en frente de dicha glorieta. Ahí jugué a las canicas, aprendí a montar en bicicleta. Me compraba golosinas "flash" en el kiosko de Amparo y cromos en el estanco de Maera. Los domingos, cuando terminaba la sesión doble del cine club "Don Bosco", bajaba con mi hermana a casa de mi abuela, donde nos recogían mis padres. Ahí, luego ya más mayor, me afanaba en comer pronto para volver al patio de los Salesianos, a practicar sin parar jugando al baloncesto. Por eso esa glorieta, ese barrio y ese colegio son especiales para mí, porque almacenan los recuerdos de la infancia, donde nos hacemos lo que luego seremos. Y mi infancia fue por eso y por otras muchas cosas, muy feliz.

Pero el sábado, en esa glorieta recién inaugurada con cargo a los fondos del Plan "E", provenientes del gobierno central, y que aún está muy limpia, había una lata de refresco en el suelo, rodeada de cuatro impolutas, limpias y vacías papeleras. No llevaba la cámara en ese momento, pero era una auténtica representación simbólica de la estulticia. No entiendo qué pasa por la cabeza de esa minoría de personas que pasan de todo, tiran la mierda al suelo, vacían seguramente sus ceniceros en el asfalto, bajan la ventanilla para tirar un kleenex o un chicle, rompen farolas, o esparcen los restos de sus inmundicias cuando salen al campo. Seguramente no son marcianos, son gente común, como usted y cómo yo. Seguramente luego en la barra del bar se quejan de lo cabrones que son los gobernantes, o de lo bien que viven los políticos y de los muchos impuestos que pagan.

Seguramente, si esos energúmenos se plantearan, si quiera un segundo, que con gestos tan sencillos como echar esa lata a la papelera, que imitarían sus hijos, nos ahorraríamos al año cientos de miles de euros en limpieza de calles, que estarían disponibles para tener mejor transporte público, mejores guarderías, mejores instalaciones deportivas, o sencillamente para pagar menos impuestos. Y no, evidentemente que no de todo lo que pasa, tiene la culpa el gobierno. Qué le vamos a hacer, hoy necesitaba desahogarme.