foto: DIARIO INFORMACIÓN
Las revelaciones producidas a lo largo de esta semana, tras el levantamiento del secreto de las diligencias que se seguían en el Juzgado de Ibi, en la denominada OPERACIÓN AVE, nos revelan la cara más oscura, más lamentable y más vergonzosa de la política y de los políticos. Lo de AVE imagino que será por los pájaros protagonistas o por la gaviota, o por ambas cosas.
Pero con las cautelas obligadas, lo que revelan parte de las facturas, de las declaraciones y de las diligencias hasta hace poco secretas, es que Miguel Ángel Agüera no dudó en buscar socios o colaboradores con intenciones tan ilícitas como las suyas y a otros muchos que bien por acción, bien por omisión, permitieron, consintieron o colaboraron en el presunto saqueo de las arcas públicas.
Hemos visto pagos de consultorías inexistentes, los encargos repetidos y a dedo por cientos de miles de euros a empresas de familiares y afines y, lo que es más grave con indicios serios de que fueron en muchos casos, por trabajos o compras de materiales que podrían ser en todo o en parte, absolutamente ficticios. Tenemos el derecho a preguntarnos dónde han estado los mecanismos de control que se supone que están y a los que les pagamos, para evitar varios elementos con malas intenciones, puedan conseguir poner en jaque el prestigio de todo un pueblo, y lo que es peor, enriquecerse ilícitamente mientras al ciudadano le sangran a impuestos y le recortan servicios.
¿Cumplieron diligentemente con su cometido los interventores, los secretarios municipales, los técnicos de distinto rango y controlaron todo lo que tenían que controlar? ¿Dónde estaban los directores de banco cuando un cargo público pagaba parte de un préstamo con elevadas cantidades de dinero en efectivo? ¿Informaron a los respectivos órganos de prevención y control de blanqueo de capitales? ¿Para qué tanto fedatario público y privado si al final unos cuantos, aparentemente pusieron toda la maquinaria de una administración a justificarlo todo, taparlo todo y maquillarlo todo?
Y al frente de todo, una alcaldesa de la que reniegan en primer lugar sus propios compañeros y a la que su propio partido ya se cargó como medida preventiva, que se excusa de toda culpa, mientras que lo presenciaba todo. Alguien que tenía como principal lugarteniente a uno de los protagonistas de toda esta desvergüenza y al que cesaron sus compañeros únicamente cuando la policía se lo llevó detenido. No se puede pretender ser quién preside la corporación y quien da delegaciones a sus compañeros, y no tener ninguna responsabilidad, por acción u omisión, en las tropelías que se cometían delante de sus narices. Y encima, pretender ir de víctima y seguir culpabilizando e insultando - tiene narices la cosa - a los concejales y portavoces de los partidos de la oposición que no pintábamos nada la pasada legislatura, y pintamos muy poco en esta.
Mientras algunos, hace ya muchos años, expulsábamos fulminantemente a los que ya pintaban mal, otros se asociaban con ellos y les encargaban trabajos a todas luces ficticios con fines perfectamente descriptibles. Han quedado retratados unos y otros, y por suerte, ya están fuera de la circulación de la vida pública ibense. Ahora además queremos y exigimos que se haga justicia.
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