Última entrevista en Radio Ibi correspondiente al 10 de ABRIL del año 2015

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miércoles, 24 de agosto de 2011

Yo estuve en la JMJ (de 1989...)



No puedo evitar hablar del acontecimiento que estos días ha copado gran parte de los informativos, las portadas de periódicos, los foros, los editoriales y las tertulias de toda España. La visita del Papa Benedicto XVI con motivo de la JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD.

Y tampoco puedo evitar hacerlo desde la perspectiva de un humilde creyente y practicante de la fe católica que, a mis cuarenta años, he pasado por distintos estadios evolutivos de mi vivencia de fe y de la práctica de la religión. Los creyentes, como los que no lo son, de cuando en cuando dudamos, nos hacemos preguntas. Tenemos lo que se llama crisis de fe y a veces de convicciones. Sufrimos desengaños, personales y colectivos. La vida te hace pasar por experiencias, unas más difíciles que otras, que a veces, ponen a prueba tus convicciones, y como no, también la propia fe en Dios. A mis 18 años, era entonces un activo militante de la parroquia de mi pueblo a través del "MOVI" y participaba en infinidad de activiades. Aquél verano, como hice en veranos anteriores y seguí haciendo hasta los 25 años, acudía a los Encuentros Misioneros Silos, Actividad organizada por Jóvenes sin Fronteras.

Tenía, como no puede ser de otra manera a esa edad, todas las vivencias a flor de piel. Todo se sentía el doble o el triple, como sin duda les sucede a los cientos de miles de jóvenes que se han encontrado este fin de semana en Madrid con motivo de la JMJ. A los dieciocho años no había tenido desengaños personales ni profesionales, al menos trascendentes. A punto de comenzar mi carrera universitaria, había encontrado en la vivencia de la fe en Cristo a través de todas aquellas experiencias y colectivos, un puntal que marcó mi vida para siempre y que dejó una huella. La vida y obra de Jesucristo eran para mi entonces, y lo siguen siendo ahora, un ejemplo a seguir y un testimonio extraordinario de justicia, paz y perdón. Creo sinceramente que ha sido la persona más extraordinaria de la historia de la humanidad y que es un referente tanto para los que somos creyentes como para los que no lo son. Por eso participaba activamente de todos aquellos movimientos. Y por eso echo tanto de menos aquella época, donde como decía al principio, la fe y la actividad participativa en todo lo que conllevaba me llenaban inmesamente. Imagino que también por el recuerdo de una etapa en la que todo era más fácil, más ilusionante y en el que por delante todo era futuro.

Acudí a Santiago de Compostela, donde en el MONTE DO GOZO, nos juntamos aproximadamente medio millón de jóvenes. Desde Ibi me encargué a mis dieciocho años de organizar personalmente el pequeño colectivo de Ibi (unas diez personas) que partimos desde la estación de la Encina, junto con un tren que agrupaba a casi quinientas de toda la diócesis de Orihuela Alicante. Me consta que al margen de nuestro grupo, otras personas de Ibi fueron por su cuenta o con otros colectivos de España, y a algunos pude encontrármelos en aquella marabunta humana del monte del Gozo. No era entonces, ni lo soy ahora, excesivamente papista en el sentido que para mí lo esencial es el mensaje de Jesucristo y sus enseñanzas y, en mi caso, procuro vivirlas en comunión con lo que predica la Iglesia a la que pertenezco, aunque no siempre soy capaz. Como muchos católicos, no comparto al cien por cien las líneas de la jerarquía eclesiástica y hay veces que declaraciones de algunos de sus dirigentes me cuesta entenderlas y compartirlas, ya me perdonarán. Pero eso no me separa de la Iglesia a la que me honra pertenecer y de la que no reniego, sino todo lo contrario. Ahora no soy ya un activo militante de la vida Parroquial de mi pueblo, en el sentido de que no estoy en primera línea, pero participo cuando puedo en las actividades que a lo largo del año organizan otras personas y no dudaré en volverme a incorporar a corto plazo, donde me dejen o sea más útil ya todas las experiencias en ese sentido me han llenado muchísimo como persona y como creyente. Y creo también, que la fe puede vivirse individualmente pero que compartirla viviendola en comunidad la enriquece y la llena aún más de sentido y en eso comparto mucho de lo manifestado por Benedicto XVI, esencialmente entendiéndolo como un mensaje a favor del colectivo que conforma la iglesia y en contra del individualismo.

Me quito el sombrero ante el trabajo que hace la iglesia en muchos rincones del mundo: barrios marginales, prisiones, tierras de misión, drogadictos, personas enfermas, ayuda social, enseñanza y en el día a día, en la labor de cada una de las parroquias de las aldeas, pueblos, barrios y ciudades de España. Aquí en Ibi, sin ir más lejos, me consta que desde el consejo pastoral, con los párrocos a la cabeza, los catequistas, los voluntarios, la gente de cáritas, comunión, post-comunión, hacen una tarea ingente, haciendo labor pastoral y trabajando para los creyentes y los no creyentes.

Por eso, cuando gratuitamente se falta al respeto y se hace crítica desde el desconocimiento, lo único que consiguen es despertar esa llama de la fe que algunos tenemos de cuando en cuando dormida. No importa si han sido un millón y medio o cien los que se han juntado para reafirmar sus valores acudiendo a la convocatoria del sucesor de Pedro. Importa escuchar la llamada del evangelio porque hay mucho donde acudir, mucho donde ayudar, mucha gente a la que escuchar y mucho que mejorar como cristianos y como seres humanos en general. Que una institución tan universal como la Iglesia, formada por hombres y mujeres tiene contradicciones, fallos, que para algunos evoluciona lentamente y que seguramente tiene infinidad de cuestiones que mejorar no lo negamos ni los propios cristianos. Pero que está de frente y trabajando a pie de trinchera donde otros simplemente miran para otro lado, también es cierto. Quien predica tiene obligación de dar ejemplo y de ahí que haya que reflexionar ante la crítica justificada, pero nunca aceptar la descalificación sistemática cuando alguien en nombre de la Iglesia o de los cristianos abre la boca. De lo de los costes, la falsa demagogia y los argumentos baratos buscando criticar a un colectivo, simplemente porque no se comparten sus ideales, no dedicaré ni un minuto. Han conseguido poner de acuerdo en ese sentido a creyentes, agnósticos y ateos: demagogia barata. Termino con una de las frases de Juan Pablo II a los jóvenes de todo el mundo y que hoy, en tiempos de crisis de todo, esencialmente de valores, está más vigente que nunca "NO TENGÁIS MIEDO".