
Como diría un gallego,
según para qué, por comenzar el año con humor. El
pasado 6 de enero tuvo lugar el pleno institucional que desde hace muchos años viene tradicionalmente celebrando la corporación municipal con un carácter de reconocimiento a personas y/o colectivos que han destacado durante el año o durante su trayectoria vital en distintos ámbitos de la vida social y cultural de nuestra villa. Dicho pleno, en el que están invitados también, entre otras, las personas que han encarnado a sus majestades los Reyes Magos de oriente en el día anterior, siempre pretende un reconocimiento a la labor de estos últimos y de la Asociación de Reyes magos que ha trabajado intesamente para que la noche del 5 de enero sea especialmente mágica en Ibi. Un año más lo han conseguido y desde aquí mi más sincero reconocimiento a sus majestades y a toda la Asociación de Reyes Magos que han posibilitado que este año hayamos tenido una espléndida cabalgata.
Lo de los 39 minutos ya imagináis que va por otra cosa. Es exactamente lo que duró el discurso-mitin-arenga de nuestra primera autoridad, la alcaldesa de Ibi, cerrando dicho acto. Comenzó a las 12'59 y concluyó a las 13'38 horas. Y no es una crítica a la persona, sino al hecho. Es decir, para que algunos se enteren.
Me parecería igualmente censurable si lo hubiera hecho cualquier otro alcalde o alcaldesa con esa duración, en ese contexto y en los términos en que se hizo. Lamentablemente, ya en los últimos años, especialmente en la última legislatura de Vicente García y, coincidiendo con la televisión en directo, se utilizaba este discurso de cierre para hacer balance y glosa de los pretendidos logros del equipo de gobierno de turno. Es algo con lo que fui crítico siempre, tanto cuando lo hacía el anterior alcalde, como ahora que quien lo hace es la actual alcaldesa. Pero
en el caso actual, la duración de dicho discursito supera todo lo tolerable, duplicando o triplicando rollos partidistas de sus predecesores.
Para que nos hagamos una idea, si el acto comenzaba a las 12'30, en menos de media hora, la concejala Rosa Ibáñez hacía una introducción de los méritos de los galardonados y daba paso a todos y cada uno de ellos. Más de una veintena de personas o colectivos subían y bajaban del escenario, recibían su premio y su aplauso y volvían a bajar. Todo ello en menos de media hora. Porque
ese y no otro es el objetivo de dicho acto. Reconocer la labor de vecinos nuestros que trabajan en diferentes ámbitos y destacan de un modo especial, incidiendo especialmente en los campos cultural, social y educativo. Vaya por delante mi enhorabuena y mi reconocimiento a todos y cada uno de ellos.
Abro un paréntesis. El reconocimiento y premio a los mejores expedientes académicos lo inició ya mi entonces compañero y concejal de juventud, Juan Miguel Beneito durante los diecinueve meses que tuvimos oportunidad de formar parte del equipo de gobierno y luego fue aparcado por nuestros sucesores. Y luego, cuando se ha retomado ha sido a propuesta del concejal de Esquerra Unida, José Vicente Verdú. Ninguna mención a ninguno y otro hecho por los actuales gobernantes, que aprovechan para ponerse cualquier medalla. Cierro paréntesis.
Dicho todo lo anterior, al mantenedor de la exaltación festera se le suele recomendar que su discurso no sobrepase los quince o máximo veinte minutos.
Un discurso con fondo, forma, bien estructurado y con una mínima capacidad de comunicación y oratoria se basta para transmitir un contenido en un acto en que lo esencial no es ese discurso, sino el reconocimiento a las personas o colectivos antes mencionados. Dicho sea de paso, a dicho acto, la mayoría de los asistentes acuden en su condición de familiares, amigos o conocidos de los galardonados, y no en su condición de simpatizantes de ninguno de los partidos representados en el ayuntamiento. Así,
si el alcalde o alcaldesa de turno aprovecha que tiene una casa de la Cultura a rebosar a cinco meses vista de las elecciones y especialmente no ha tenido un trabajo muy lucido (sino más bien lo contrario) durante la legislatura,
y aprovecha para soltarse un infumable mitin hablando de lo bien que lo ha hecho (una vez más, "yo, yo, yo...."), no hacer un gramo de autocrítica y encima hacerlo largo y pesado, utiliza los medios públicos para hacerse campaña electoral y meter a los asistentes en un mítin al que no habían pedido asistir. Y eso, lo haga quien lo haga.
P.D. Llama la atención que
en un acto de contenido eminentemente cultural no estuviera presente el concejal de cultura, que no se entregaran los premios de fotografía (como sí se ha hecho cada año),
ni el prestigioso premio que tanto costó conseguir, ANAYA-villa de Ibi de literatura infantil. Pero claro, aquí muchos de los galardonados son de fuera, y esos aunque no vengan
da igual, porque no votan en Ibi, ni ellos ni sus familias ¿verdad?