Foto: menéame.com
He tenido que aludir en varias ocasiones en esta bitácora, a un dicho que me decía mi madre de pequeño cuando trataba de escabullirme por alguna trastada: Molta por, pero molt poca vergonya. La fotografía que encabeza la entrada de hoy refleja perfectamente la kafkiana situación que tiene el gobierno valenciano del PP desde hace ya varios años. El pasado lunes tenía lugar la inauguración de el último puente de Alcoy, y que especialmente para los ciudadanos de Ibi que nos dirijamos a nuestro hospital de referencia, supondrá una vía para acortar, si quiera unos minutos, el trayecto a este centro sanitario sin tener que cruzar todo Alcoy.
Alberto Fabra y el séquito que le acompañaba, formado principal y exclusivamente por personal de confianza, alcaldes, concejales y diputados de su partido en la comarca, no se atrevía a inaugurar el puente iniciando el trayecto y cortando la cinta, como sería lógico y normal, por uno de sus extremos. Tanto da si es el extremo norte o el extremo sur. Como cada visita o inauguración (estas son cada vez más escasas) del presidente y su cuadrilla está rodeada de su correspondiente coro de voces reivindicativas, de protesta o simplemente de ciudadanos cabreados que acuden a afearle la conducta de el presidente que está al frente del gobierno y del equipo de dirigentes más corrupto de España, tuvieron la feliz idea de situarse justo en medio del puente.
Ni Groucho Marx en alguna de sus delirantes ocurrencias habría concebido algo igual. Así, en un promontorio cercano, un grupo de ciudadanos contemplaba la escena de un presidente de la Generalitat inaugurando una infraestructura en medio del puente para que los gritos, los silbidos y los abucheos no les molestaran demasiado. La contradicción es que se supone que cuando vienes a inaugurar algo, tradicionalmente era únicamente para buscar el presunto rédito electoral y la cercanía con los ciudadanos a los que dices representar. Cuando la gente acudía a procurarse el favor del político de turno, a besar, a abrazar o a hacerse la foto estaban encantados. Ahora que la gente acude básicamente a darse el gusto de llamar corrupto y sinvergüenza a quien le está robando mientras le pagamos el sueldo, esa cercanía les incomoda.
Lo chocante del tema es que con estas situaciones, ahora que ya no tienen a Canal 9 para dar la noticia convenientemente maquillada y filtrada, consiguen justamente el efecto contrario. El ciudadano aún se cabrea más, y el rédito electoral brilla por su ausencia. Teniendo en cuenta que aún quedan 15 meses para las elecciones autonómicas, Alberto Fabra va a tener un duro, durísimo peregrinar. Si hubiese algo de vergüenza y de sentido común, las elecciones autonómicas en la comunidad valenciana tendrían que adelantarse un año y hacerse coincidir con las europeas. Con tanto recorte y tanta austeridad que nos están vendiendo, sería todo un ejercicio de sensatez para ahorrarnos unos buenos euros. Por otra parte, también sería lo lógico teniendo en cuenta que tenemos un presidente puesto a dedo, que no encabezó las listas, al que nadie votó, y sería una medida de higiene para erradicar a la tropa de imputados e investigados que además de chulearnos y presuntamente robarnos, cobran de nuestros impuestos.
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