Última entrevista en Radio Ibi correspondiente al 10 de ABRIL del año 2015

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lunes, 1 de septiembre de 2014

El puñetazo en la cara...


Este verano ha dado para mucho y ha sido complicado. Tanto en lo personal, como en lo referente a la actualidad política tanto del país como de nuestra villa, por no hablar de las diferentes guerras que hay en marcha por el mundo y que se han agravado y en las barbaridades de todo tipo que uno contempla con la estupefacción de la mayoría. El exceso y la inmediatez de la información en ocasiones nos hace pensar que el mundo es un lodazal que se va al garete. Sin embargo, el repaso de la historia no nos debe de hacer perder la perspectiva de que, aún ante tanta barbaridad, vivimos presuntamente una de las épocas en las que la civilización es la tónica dominante en bastantes partes del mundo, y en otras lo intenta.

Así y todo, aunque el cuerpo me pide hablar del intento de golpe de Estado, perdón, reforma electoral, que el partido que nos gobierna en España, pretende imponer al resto para poder seguir gobernando aún más bastándole con que un tercio de la sociedad, voto arriba voto abajo, simpatice con sus siglas, creo que sería hata indigno dedicarles mi primera entrada de la temporada a esta gentuza, viendo la que le está cayendo a una parte de la humanidad.

Ayer ví por las redes sociales la fotografía que encabeza la portada de esta entrada, tomada por un helicóptero de la marina italiana. Una patera de inmigrantes literalmente atestada, donde no cabe ni uno más, intenta llegar a las costas de la presuntamente civilizada Europa, alcanzar su particular Ítaca y escapara de la miseria, o tratar de encontrar un modo de buscarse la vida para enviar unos euros que alimenten a sus familias en sus paises de origen. Podemos imaginar el entumecimiento, las náuseas, los dolores por todo el cuerpo, el frío que en alta mar te cala hasta los huesos. Podemos imaginar el terror. Podemos imaginar qué sentirán los niños que se entremezclan entre tanto cuerpo que hasta mataría por sobrevivir. Cualquiera que haya tenido un día de mar ligeramente complicado haciendo la travesía en un barco normal, puede también imaginar lo que supone tener una mar complicada en un bote de semejantes condiciones.

A muchos de estos seres humanos los hemos visto estos días de verano, perdidos entre los diferentes paseos marítimos que pueblan las costas españolas, vendiendo objetos de todo tipo. Suelen llegar los más fuertes. Tipos altos, simpáticos que aprenden hasta algunas palabras en valenciano. Los veremos entrar en las próximas fiestas en los zocos a intentar vendernos la última gafa de colores o la penúltima bisutería de moda. En este mundo acomodado, egoísta y presuntamente civilizado, no conviene olvidar que ni todos tenemos las mismas oportunidades, ni las cosas son tan sencillas ni tan simples como algunos pretenden. Comienza el curso

miércoles, 26 de enero de 2011

Crisis y oportunidades


La mayoría de los medios de comunicación nacionales, se hacían eco en estos días atrás, de la necesidad de Alemania de profesionales cualificados para cubrir decenas de miles de puestos que han quedado vacantes por diversas circunstancias. Decía la noticia que podéis leer integra pinchando en Alemania necesita cubrir entre 500.000 y 800.000 puestos de trabajo especializados en los próximos meses. Uno de estos estudios, elaborado por el Instituto de Mercado de Trabajo e Investigación de Empleo de Nuremberg, señala que hará falta que las empresas germanas importen 34.000 ingenieros, 30.000 conductores profesionales, 21.000 especialistas geriátricos y 20.000 trabajadores especializados en tareas de administración.">ESTE ENLACE a la noticia publicada en "El Economista".

La generación a la que pertenezco está viviendo la primera crisis económica "profunda" y que nos coge en pleno periodo de actividad laboral. Las anteriores crisis (de diferente calado) nos han cogido siendo niños o en periodo de formación. Pero esta nos coge en plena actividad, con responsabilidades familiares, cargas financieras y, en definitiva, siendo plenamente conscientes de su dureza y con consecuencias reales para la mayoría de las economías y que se traducen, fundamentalmente, en una necesidad de bajar nuestro nivel de vida, o por lo menos del que habíamos disfrutado en la década anterior. Pero como todo es relativo, convendría no olvidar situaciones a las que nos retrotrae la noticia que parcialmente reproduzco en el primer párrafo. En los años sesenta y setenta, más de 2 MILLONES DE ESPAÑOLES tuvieron que salir del país a buscarse las habichuelas. Ello posibilitó que, vía entrada de divisas, muchísimas familias españolas que aquí se quedaron, pudieran subsistir y salir adelante. Posibilitó también que el régimen franquista no tuviera la presión social de una población activa parada (en aquella época habría supuesto más de un 30% de paro) que ningún gobierno podría haber soportado, además de una inyección de fondos. Gracias al esfuerzo de millones de Españoles que dejaron aquí su familia, su arraigo, su modo de vida, España se convirtió en la "fábrica de Europa" pudiendo vivir los años conocidos como del desarrollismo, de los que Ibi fue un vivo ejemplo.

Para poner la crisis actual en su justo contexto, explicaré una historia extrapolable a la de tantos españoles de entonces: "V.C.P", vecino de una localidad del interior de la provincia de Alicante, con dieciocho años recién cumplidos emigraba a Alemania. Alemania era entonces (mucho más que hoy en día), la auténtica locomotora de Europa. La diferencia entre los sueldos de allí y aquí era algo así como seis o siete veces superior. Por supuesto, la mayoría de españoles que iban para allá, lo hacían con un contrato en regla. Especialmente en Alemania eso de el trabajo "en negro" no existe. Pero más allá de las condiciones legales, pongámonos en situación. Inmigrante que no entiende ni habla nada de alemán. Que por supuesto, va con un bagaje de estudios en su país de origen que se ciñe a las "cuatro reglas" que aprendían en el colegio. "V.C.P" se preocupó pronto de asistir a las clases de alemán que sufragaba la empresa. Cada mes enviaba gran parte de su sueldo a España y gracias a él, su familia seguía adelante. A los tres años de estar en Alemania y de haber conocido novia alemana, tuvo que volver a España para cumplir con el servicio militar: ¡casi 2 años de mili! En aquél entonces, no había vuelos baratos ni dinero para volar, así que 2 añitos sin ver a la novia. Y por supuesto, en los permisos de la mili, aprovechaba para trabajar vendiendo helados y seguir aportando a su economía familiar. Luego volvió a Alemania. Trabajar y ahorrar. Trabajar y ahorrar. Su sueño era poder volver a España y después de 11 años trabajando y ahorrando volvió a su país. Como muchos inmigrantes, se casó allí solamente acompañado por algunos de los compañeros de trabajo (su familia no podía pagar un vuelo barato que no existía), y en una ocasión, sólo en una, vino en un vuelo extraordinario para enterrar a su madre de la que no pudo despedirse.

Esa era la dureza de la situación de los años sesenta y setenta. Nada de color de rosa. Muchos pudieron volver después de diez o doce años, encontrar trabajo aquí y no desarraigarse. Pero otros muchos se quedaron allí y todos dicen lo mismo. Somos extranjeros aquí y también nos sentimos un poco así cuando volvemos a España. Lo peor es el desarraigo. Lo digo por que ahora nos quejamos, a veces con razón, pero otras veces, deberíamos de poner las cosas en su justo contexto. "V.C.P." era y es mi suegro, y como muchos millones de Españoles, parte de lo que es hoy España fue gracias al sacrificio de muchas personas como él.

miércoles, 14 de julio de 2010

Crisis de ricos...


Hace varios meses, Jordi Pujol, hiperconocido presidente de la Generalitat de Cataluña durante más de veinte años, dio una conferencia en la ciudad de Alicante, organizada por la CAM.

Les puedo garantizar que, a sus casi 77 años, tiene una lucidez y un discurso que dejaría en mantillas a más de uno de los políticos que actualmente ocupan las primeras líneas de la política española y europea, incluyendo por supuesto al actual presidente de la Generalitat José Montilla, o a nuestro "Juan sin Miedo", más conocido como Francisco Camps, por poner ejemplos de ambos bandos. Una de las cosas que explicó el ex-president fue que, a diferencia de la conocida crisis del petróleo de los setenta, o la de principios de los 80 con las duras reconversiones industriales que se tuvieron que afrontar en un país con una economía arcaica, la crisis actual es una crisis de "país rico" y que eso tiene marcados matices que la diferencian de aquellas. Esto dicho así, especialmente para quien tenga que afrontar una situación prolongada de paro, o quien esté de deudas hasta el cuello, puede sonar raro. Pero no lo es en absoluto.

Se comenta en infinidad de ocasiones, que si el nivel de paro de aproximadamente el 20% que se declara, fuera real en cifras absolutas, habría una movilización social brutal. Si efectivamente veinte de cada cien personas en edad de trabajar no estuvieran trabajando en otras cuestiones además de percibir subsidio de desempleo, las consecuencias serían dramáticas. De hecho, yo opino que no estamos lejos de que comiencen a serlo, salvo que comience a invertirse la tendencia de todos los indicadores, aunque sea poco a poco. Pero efectivamente hay todavía muestras que nos indican que la España de hoy, no es ni por asomo la de hace treinta años. Sin ir más lejos, los trabajos más duros, o los peor pagados (ambas cosas suelen coincidir) siguen desempeñándolos en una alta proporción personas inmigrantes.

Ayer, como cada verano desde aproximadamente hace diez, a eso de las 15'30, cuando el calor apretaba más (unos 33 grados a la sombra) estando en la caseta de mis padres oí algunos gritos y el sonido de varias azadas golpeando la tierra. Eran varios trabajadores de origen magrebí, que trabajaban los cultivos de una empresa de la zona que explota varios cientos de hectáreas. Como cada año también les saludé. Apenas chapurrean el castellano. "Mucho calor" (qué estupidez, pensé, pero no se me ocurría nada más) "Mucho calor" contestaron. Les ofrecí una botella de agua fresca que me agradecieron con una sonrisa de oreja a oreja, y siguieron a lo suyo. Esta gente está acostumbrada al calor y a currar duro en condiciones duras. Al fondo, un viejo coche blanco con una de esas banderitas de España (que tanto se han visto estos días) coronando el capó.

Todavía, en diversos círculos, a pesar de que muchos inmigrantes han hecho las maletas y se han vuelto a su país porque esto ya no es lo que era, tenemos que escuchar comentarios poco afortunados sobre la inmigración. Creo que tenemos mucho que aprender, que reflexionar y que evolucionar. Al año que viene, seguramente, con la misma predisposición, la misma sonrisa de oreja a oreja, y alegrándose de las victorias de un país que no es el suyo y que en ocasiones les trata mal, seguirán ganándose a golpe de azada y bajo un sol de justicia, el pan que no encuentran en su lugar de origen.