
Llevamos varias días con unas lluvias beneficiosas para nuestras montañas, nuestros campos y nuestros acuíferos pero, en ocasiones, dañinas para edificios en mal estado de conservación, garajes y otros pequeños problemillas.
Lo que no es tan comprensible, es que un edificio que no ha cumplido ni el año desde su finalización, como ha sido el costosísimo Teatro Río, que ha tenido un sobrecoste de más de tres millones de euros, esté sufriendo inundaciones a las primeras de cambio. Ayer, durante la celebración de la comisión convocada al efecto para recibir las oportunas explicaciones del despacho profesional al que se le ha encargado la devolución del IVA de dicha obra, recibíamos la noticia de que se había inundado la sala o cuarto de DIMMERS del Teatro Río. Para los profanos en la materia, los dimmers son uno de los elementos más costosos del equipamiento del teatro Río. Los dimmer o dímer son dispositivos usados para regular la energía en una o varias lámparas, con el fin de variar la intensidad de la luz que emiten (siempre y cuando las propiedades de la luminaria lo permitan). Las etapas de potencia, en definitiva,
el corazón desde el que se controla la evolución y buen funcionamiento en cualquier espectáculo que se lleve a cabo.
Desde el inicio de la legislatura, he pedido por escrito que se me entregue diversa documentación correspondiente a las obras del Teatro Río. La licencia de apertura, el plan de evacuación preceptivo, el final de obra con la recepción y visto bueno de las obras y, una especialmente relevante en lo tocante a este último suceso, la copia de la póliza de seguro que de cobertura al edificio o bien, caso de no existir una póliza específica, la inclusión de dicho edificio en la póliza que de cobertura al resto de edificios municipales. He de decir, que parte de dicha documentación que he pedido por escrito y en dos comisiones, no nos ha sido entregada. Tan sólo se nos dio copia de la póliza de Responsabilidad Civil de dicho edificio, que no tiene nada que ver con la que asegure el edificio en sí mismo, por ejemplo, si mañana sufre un incendio o, como ha sido el caso, un problema de daños en el mismo por filtraciones o un robo en sus instalaciones o vandalismo.
Ahora, nos iremos a buscar a INTERSA, que creo no atraviesa por su mejor momento y veremos qué nos cuenta. Podemos dirigirnos también al arquitecto que ha cobrado unos setenta millones de pesetas por el proyecto, y ver si podemos reclamarle por su póliza de responsabilidad civil, o podemos directamente irnos de excursión a Lourdes a ver quién nos indemniza por los daños ocasionados como consecuencia de las filtraciones a las primeras de cambio, en la obra más costosa de la historia de Ibi. Por cierto, Agüera y cía, que mostraron tanto interés en contratar las butacas más caras y que fueron los últimos responsables de no controlar los sobrecostes de la misma, que nos cuenten y expliquen ahora de quién es la culpa de todos estos desastres. Porque eso sí, pagarlo, lo hemos pagado como bueno. Suma y sigue