
El pasado domingo, el recinto ferial de Ibi mostraba una afluencia de público que igualaba (superaba, diría yo), la del día del Descanso, jornada en que tradicionalmente los ibenses acuden en masa a dar una vuelta con los más menudos o a comprarse un gofre, que de todo hay.
El motivo de la numerosísima concurrencia no era otro (según me cuentan) que un cartel que anunciaba a la entrada del recinto que "HOY LAS ATRACCIONES SERÁN AL PRECIO DE UN EURO POR GENTILEZA DEL AYUNTAMIENTO DE IBI" (no es literal). Esta medida, que se había adoptado ya durante las dos últimas ediciones de la feria de Santa Cecilia, no se había llevado a cabo durante la feria normal de Ibi en ninguna edición anterior, que yo sepa. Debe de ser casualidad que falten solamente ocho meses para elecciones y, en plena coyuntura de crisis económica, alguien ha decidido que subvencionar las atracciones de la feria para que los ciudadanos ibenses (y los que vengan de fuera, que carné no se pide) podamos montar a nuestros hijos, o montarse en cualquiera de las atracciones.
Como de dinero público se trata, en una coyuntura en la que, entre otras cosas, se atrasa el pago de subvenciones a los clubes que trabajan con el deporte de base, en la que reparar el sistema de riego del campo de fútbol (costaba 2000 euros) ha tardado varios meses, en el que el Estadio Climent está abandonado a su suerte, en el que se recortan las ayudas para residencias (o directamente se suprimen), en el que se suprimen plazas de profesores, en el que se demoran infraestructuras básicas, donde se abandona a los miles de alumnos de las escuelas valencianas de música a su suerte o en el que asistimos día sí y día también a políticos que presuntamente se han puesto las botas medrando con constructores, "bigotes", "gürteles" y "Brugales" y eso sólo en nuestra comunidad, las mentes pensantes que nos desgobiernan han decidido que es básico y fundamental que montar a la feria salga barato (al menos un día), sobre todo si falta poquito para elecciones. Para así, tener nuevamente entontecido al personal. Eso sí, de políticas de control de gasto, de priorizar los servicios básicos, de gestionar y administrar el patrimonio público como correspondería a una empresa seria, res de res.
La culpa de lo anterior la tenemos todos,al tragar con estas cuestiones y dejarnos tratar como vasallos de un señor feudal (señora en este caso) que reparte sus dádivas con el dinero de nuestros impuestos para obtener una presunta recompensa electoral. Ya os adelanto, queridos seguidores de esta humilde bitácora, que con encuestas poco halagüeñas para que los actuales gobernantes peperos renueven su mayoría absoluta en Ibi, vamos a ver regalitos de este tipo a mansalva de aquí a elecciones. Pero luego no nos quejemos si los servicios básicos no funcionan y si el pueblo está hecho unos zorros o el urbanismo especulativo del Migue y su colegui campa a sus anchas. Eso sí, el tren de la bruja y los caballitos, a un euro. ¡Viva España!