
Ayer era la noticia del día. El gobierno anunciaba una reforma en cuanto a la financiación de los medicamentos, que supondrá que a partir de su entrada en vigor tengamos que pagar más dinero por adquirir los medicamentos dispensados con receta. En el caso de los jubilados, se acabaron las medicinas sin coste (me resisto a llamarlas gratis, cuando se pagan con cargo a impuestos que todos hemos pagado). Lógicamente, habrá factores correctores de esta medida para los enfermos crónicos o las personas que sobrepasen el tope de 10 euros mínimo de gasto durante más de tres meses. Igualmente prevé la medida que los no jubilados, los ciudadanos "activos, paguemos al menos el 50% del coste del medicamento e igualmente que algunos fármacos pautados para dolencias menos leves no sean dispensados con receta, sino íntegramente a cargo del propio paciente. En definitiva, que los jubilados pagarán un máximo de entre 8 y 18 euros al mes en medicamentos.
Esto es sólo un resumen muy breve de los detalles principales de la reforma, a la que podéis acceder pinchando en este enlace. Esto, lógicamente, va a traer cola, especialmente porque el de los jubilados es un sector conformado por muchos millones de personas, muchísimas de las cuales hace cuatro días votaron a este partido que ahora les hace esta jugarreta que no anunciaba en su programa electoral. No seré yo quien diga que nuestro gasto farmacéutico no precisaba reformas. La mayoría veíamos que esto era insostenible. Que había múltiples abusos y que se ha permitido un descontrol que, si se hubiera regulado antes probablemente habría evitado tener que llegar a esto. Sé también que prácticamente en toda Europa hay sistemas parecidos, pero también es cierto que en otros países de Europa pagan más impuestos que aquí, no existe el porcentaje tan elevado de economía sumergida y el fraude fiscal es infinitamente menor. Pues eso, que cuando todo el mundo pague realmente por lo que ingresa, seguramente nuestra sociedad será más justa y habrá una más justa distribución de la riqueza.
Pero yo pienso en mi abuela, con 88 años, viuda desde hace once y con una pensión de unos 500 euros y con las dolencias propias de su edad, que la obligan todos los días a tomarse un montón de pastillas. Mi abuela, que con esa pensión es capaz de hacer frente a todos sus gastos y además ahorra. Lo anterior supone que, para ella, desde hace muchos años no hay caprichos, no hay gasto supérfluo, no hay viajes, no hay más que vivir dignamente y hacer frente a los gastos de mantenimiento de una casa. Que todavía es capaz de apartar un poquito de su paga para cuando llegan los santos y los cumpleaños de sus nietos y biznietos tener un pequeño detalle. Mi abuela que sigue invitando a la familia a comer el día de Navidad o el día de su Santo. Mi abuela que como tantos y tantos jubilados, son capaces de estirar esa "paguica" como un chicle y aún ahorran algo para dejar a sus hijos el día que se vayan. Mi abuela que padeció la durísima posguerra, que tuvo que venirse a Ibi junto con mi ya fallecido abuelo Paco a buscar mejor futuro y que con el mismo esfuerzo que toda aquella generación de ibenses, hizo de la austeridad su santo, seña y bandera.
Mi abuela, como la mayoría de su generación, enciende la luz sólo cuando hace falta, tiene la misma tele desde hace años, y no sabe ni que en su pueblo hay una piscina climatizada, ni un costosísimo teatro, ni que su ayuntamiento invirtió cien millones de pesetas en naves para discotecas ni que en Valencia hay Fórmula 1, pero que sí contribuye a pagar con sus impuestos todo lo anterior. Pues eso abuela, que ahora tienes que pagar por los medicamentos porque otros han derrochado y no han administrado bien en cosas de difícil o imposible justificación. Porque hubo una cosa que se llamó plan "E" y luego otra llamada plan "Confianza", sólo hace un par de años, en los que se derrochó en más columpios, más remodelaciones inútiles y más obras que están a medio terminar. Porque el dinero se fue en olivos de Calabria, en obras con sobrecostes o en subvencionar a fondo perdido la natalidad sin distinción de renta. Gracias por tu sacrificio y por vivir austeramente y con dignidad. No nos lo merecemos
Esto es sólo un resumen muy breve de los detalles principales de la reforma, a la que podéis acceder pinchando en este enlace. Esto, lógicamente, va a traer cola, especialmente porque el de los jubilados es un sector conformado por muchos millones de personas, muchísimas de las cuales hace cuatro días votaron a este partido que ahora les hace esta jugarreta que no anunciaba en su programa electoral. No seré yo quien diga que nuestro gasto farmacéutico no precisaba reformas. La mayoría veíamos que esto era insostenible. Que había múltiples abusos y que se ha permitido un descontrol que, si se hubiera regulado antes probablemente habría evitado tener que llegar a esto. Sé también que prácticamente en toda Europa hay sistemas parecidos, pero también es cierto que en otros países de Europa pagan más impuestos que aquí, no existe el porcentaje tan elevado de economía sumergida y el fraude fiscal es infinitamente menor. Pues eso, que cuando todo el mundo pague realmente por lo que ingresa, seguramente nuestra sociedad será más justa y habrá una más justa distribución de la riqueza.
Pero yo pienso en mi abuela, con 88 años, viuda desde hace once y con una pensión de unos 500 euros y con las dolencias propias de su edad, que la obligan todos los días a tomarse un montón de pastillas. Mi abuela, que con esa pensión es capaz de hacer frente a todos sus gastos y además ahorra. Lo anterior supone que, para ella, desde hace muchos años no hay caprichos, no hay gasto supérfluo, no hay viajes, no hay más que vivir dignamente y hacer frente a los gastos de mantenimiento de una casa. Que todavía es capaz de apartar un poquito de su paga para cuando llegan los santos y los cumpleaños de sus nietos y biznietos tener un pequeño detalle. Mi abuela que sigue invitando a la familia a comer el día de Navidad o el día de su Santo. Mi abuela que como tantos y tantos jubilados, son capaces de estirar esa "paguica" como un chicle y aún ahorran algo para dejar a sus hijos el día que se vayan. Mi abuela que padeció la durísima posguerra, que tuvo que venirse a Ibi junto con mi ya fallecido abuelo Paco a buscar mejor futuro y que con el mismo esfuerzo que toda aquella generación de ibenses, hizo de la austeridad su santo, seña y bandera.
Mi abuela, como la mayoría de su generación, enciende la luz sólo cuando hace falta, tiene la misma tele desde hace años, y no sabe ni que en su pueblo hay una piscina climatizada, ni un costosísimo teatro, ni que su ayuntamiento invirtió cien millones de pesetas en naves para discotecas ni que en Valencia hay Fórmula 1, pero que sí contribuye a pagar con sus impuestos todo lo anterior. Pues eso abuela, que ahora tienes que pagar por los medicamentos porque otros han derrochado y no han administrado bien en cosas de difícil o imposible justificación. Porque hubo una cosa que se llamó plan "E" y luego otra llamada plan "Confianza", sólo hace un par de años, en los que se derrochó en más columpios, más remodelaciones inútiles y más obras que están a medio terminar. Porque el dinero se fue en olivos de Calabria, en obras con sobrecostes o en subvencionar a fondo perdido la natalidad sin distinción de renta. Gracias por tu sacrificio y por vivir austeramente y con dignidad. No nos lo merecemos