Última entrevista en Radio Ibi correspondiente al 10 de ABRIL del año 2015

Pincha AQUÍ para escucharla íntegra
Mostrando entradas con la etiqueta libros de texto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros de texto. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de septiembre de 2011

libros de texto



Escuchaba ayer a una mamá a la salida de un colegio de nuestra localidad, quejarse amargamente porque se sentía literalmente estafada. Al parecer sus hijos solamente se llevan un curso de diferencia. Había pedido utilizar -con toda lógica- los libros del hermano mayor para el hermano pequeño. Pero le dijeron que no se podía porque habían cambiado. La queja era, según no pude evitar escuchar, porque habían cambiado exclusivamente las tapas y el contenido era prácticamente idéntico.

Desconozco si hay tintes de exageración en esta historia que os cuento de oídas, pero sí que me hace reflexionar ante la avalancha de recortes que al parecer nos va a venir por todas partes. Cuando hablaba con la familia de mi esposa -de ascendencia alemana por parte materna- me explicaban que en Alemania al finalizar el curso los alumnos estaban obligados a devolver al centro los libros de texto. Si los devolvía en buen estado, tenía los del curso siguiente sin necesidad de abonar cantidad alguna. De ese modo, el Estado se garantizaba varias cuestiones. Por un lado, el poder aprovechar los libros de texto durante varios cursos con el consiguiente ahorro. En segundo lugar, concienciar a los alumnos y a los padres de estos, de que las cosas no son gratis y que todo cuesta un esfuerzo. Y por último, formar a los alumnos en la necesidad de cuidar las cosas, las propias y las que son de todos.

En España
, con una alegría de nuevos ricos, nos hemos acostumbrado a exigir de todo, rápido, ya y de lo mejor. Observamos como se maltrata el mobiliario público, como cada año las editoriales se permiten sin ningún empacho cambiar los libros para así obligar a renovarlos. En demasiadas ocasiones, como los libros los acaba pagando la consellería o el Ayuntamiento de turno, las editoriales saben que los usuarios finales no se quejarán, o al menos no lo harán organizadamente. Los contínuos cambios de sistemas educativos tampoco ayudan. Y así al final tenemos una peligrosa coctelera que está a punto de estallar, porque este sistema es insostenible si todos no cambiamos el "chip". Que un país mucho más avanzado, rico y organizado que España aproveche durante varios cursos los libros, que obligue a devolver los "cascos" de los envases. Que no recojan todos los días la basura -así sucede en Alemania- o directamente, que gasten mucho menos en limpieza viaria porque ensucian menos, nos debería hacer reflexionar a los españoles que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante mucho tiempo y exigiendo unos servicios que no se corresponden siempre con los impuestos que pagamos o al menos, con lo que podemos gastar.

O lo que es más sencillo, que quizás podrían destinarse los impuestos a las cuestiones verdaderamente importantes -sanidad, educación, servicios sociales- si no se derrochase tanto en cuestiones que exigirían a los ciudadanos y a las propias administraciones una mayor disciplina.