
Este fin de semana, ha sido portada de todos los medios de comunicación nacionales, y objeto de editoriales de todo tipo, la noticia de la petición de condena para el molt honorable president de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, por parte de la fiscalía anticorrupción. El titular no tenía desperdicio, "La Fiscalía pide 41.250 euros de multa para Camps por un delito continuado de cohecho"
Publicaba el diario "el Mundo", en su edición digital del sábado (podéis acceder a la noticia completa pinchando en el enlace del primer párrafo) que Según la Fiscalía, aceptaron esos regalos sabedores de que les eran entregados en reiterada consideración al cargo público que ejercían y desde el que podían tomar decisiones o desplegar su personal influencia sobre firmas e intereses vinculados a los cabecillas de la red, Francisco Correo, Pablo Crespo y Álvaro Pérez 'El Bigotes'. Aquí estaría en mi opinión el quid de la cuestión, los regalos en serie tanto a Camps como a muchos de los miembros más destacados del PPCV, buscaban una finalidad concreta.
En concreto, y según el fiscal, Camps recibió entre 2005 y octubre de 2008 12 trajes, cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas por un valor total de 14.021,5 euros. Asimismo, Anticorrupción considera que la trama obsequió a Rafael Betoret, en atención a su cargo, con al menos 11 trajes, cuatro americanas, dos abrigos y un pantalón, valorados en su conjunto en 13.499 euros.
Esta cuantía sería inferior en el caso de Ricardo Costa, 7.325 euros, que corresponderían, supuestamente, a cuatro trajes y seis pantalones procedentes de Gürtel. A lo largo de 2006, el acusado Víctor Campos, vicepresidente del Consell obtuvo al menos dos trajes, dos pantalones y un chaqué por un importe de 5.529 euros. Las cantidades, la ligereza en la dádiva, la búsqueda son tan claras y tan contundentes y claras como el hastío y la hartura que provocan. Pero todo se justifica porque la intención de voto según dicen no solamente permanece sino que aumenta. Mientras en otras partes gente a la que la libertad no se le ha regalado (Egipto, Túnez, Argelia y un largo etcétera que vendrá sin duda) se echa a la calle en masa para reclamarla, los lugares donde la disfrutamos pasamos de lo que hagan los políticos, porque damos por sentado y amortizado tanta vergüenza, tanta hediondez, tanto mamoneo y tanto trinque.
Lo de Camps ya huele por el tiempo que lleva. Se descojonan en nuestras caras y alardean de que van a arrasar. Y en ese maremagnum de aplausos y vítores para ciscarse en las decisiones de la fiscalía y en la instrucción del juez, ayer adornaba González Pons la defensa incondicional del tío Paco con una frase que aquí en Ibi comprendemos perfectamente "los alcaldes y alcaldesas tenéis que bajaros del coche oficial y salir a las callles y a las plazas a pulsar la opinión de la gente y a escucharles". No sabe a qué cuadrilla se estaba dirigiendo. Con el ejemplo que da el jefe, la risa que les entraría a los alcaldes y alcaldesas allí presentes se escucharía norte a sur de la Comunidad Valenciana. Pero la hartura en unos sitios tardará más, en otros menos, pero llega, que no les quepa duda que llega. Y aunque la gente tarde en reaccionar, acaba haciéndolo. La libertad es un preciado don que tenemos que cuidar. Reir las gracias y dejar que los políticos se cisquen en su propia dignidad y en nuestro derecho de ciudadanos nos hace menos libres. Pero no busquemos culpables fuera. Es nuestra responsabilidad. Cada vez que nos pisotean un poco más estamos cediendo una pequeña cuota de nuestra libertad. Yo no pienso hacerlo